De arriba a abajo. De un costado a otro de una casa relativamente grande al oriente de la Delegación Iztapalapa. Una pequeña esferita de carne con un forro apiñonado parece no tener un botón de apagado como su madre lo desearía.
Cristhian, su joven compañero de andanzas le enseña nuevas cosas, nuevos retos, nuevos juegos. Ambos inundan de risas y gritos la gran vivienda donde reside el naciente matrimonio Luna García.
Un fin de semana cualquiera, los chiquillos creaban escenarios fantásticos y situaciones que ningún ser humano habría imaginado a través de sus juguetes y de la espesura de los pequeños árboles que poblaban los jardines de la residencia.
El costado de una de las paredes estaba finamente forrado por una abundante enredadera con hojas verdes. Frente a esta pared se construyó una cisterna que sobresalía del piso.
El pequeño César, con la pereza encima que siempre le ha caracterizado, hurdió un plan para no abandonar su plan de juegos y hacer sus necesidades... en pocas palabras, en más de una ocasión veía a su hermano mayor, Cristhian, orinar desde esa cisterna (de un metro y medio de altura aproximado) hacia la verdosa enredadera.
No tardó mucho en subir e imitar a su hermano. En pocos segundos en medio de risas, César perdió el equilibrio estrepitosamente y cayó con el brazo derecho sobre las hojas de la enredadera roceadas con orina y con los pantalones en los tobillos.
A pesar de haber sido siempre muy "dramático" -como diría su madre-, César se ahogaba en su propia risa y con el brazo severamente untado por su propia pipí.
Y a partir de esa ocasión César dejó de hacer del baño (con tanta frecuiencia) en donde no debía...
El pequeño César, con la pereza encima que siempre le ha caracterizado, hurdió un plan para no abandonar su plan de juegos y hacer sus necesidades... en pocas palabras, en más de una ocasión veía a su hermano mayor, Cristhian, orinar desde esa cisterna (de un metro y medio de altura aproximado) hacia la verdosa enredadera.
No tardó mucho en subir e imitar a su hermano. En pocos segundos en medio de risas, César perdió el equilibrio estrepitosamente y cayó con el brazo derecho sobre las hojas de la enredadera roceadas con orina y con los pantalones en los tobillos.
A pesar de haber sido siempre muy "dramático" -como diría su madre-, César se ahogaba en su propia risa y con el brazo severamente untado por su propia pipí.
Y a partir de esa ocasión César dejó de hacer del baño (con tanta frecuiencia) en donde no debía...