México sufre una especie de metamorfosis. Sin embargo, resulta muy complejo definir si estamos atravesando cambios necesarios para alcanzar lo que llaman "el primer mundo" o estamos perdiendo terreno en cuanto a progreso social se refiere.
La actual contienda electoral se halla sujeta a factores que nunca antes habíamos contemplado en la historia política de nuestro país: una guerra contra el crimen organizado que se ha prolongado más de lo debido. La corrupción está haciendo un buen trabajo en ese ámbito. La venta de un candidato presidencial como objeto de consumo, como vil actor de telenovela farandulero. El último rubro se desprende del más agobiante de todos: la excesiva vigilancia del medio, el acoso mediático.
El pasado domingo fue publicado un video en Youtube que causa una conmoción total tanto en la sociedad como en el desarrollo del proceso electoral.
¿De qué nos habla? Un grupo de niños simulando llevar la vida de un adulto mexicano en la actualidad. La descripción luce desoladora y al final los infantes rechazan vivir un futuro como el que actualmente nos gobierna a través de una petición dirigida a cada candidato presidencial. Las imágenes son fuertes y dejaron a muchas sin palabras. Pero debo decir que a mí me dejo un fuerte sabor a hipocresía.
¿Hipocresía? Pero si son las ganas de una sociedad que dice "ya basta"
¡No! El spot fue producido por grandes imperios comerciales de nuestro país como FEMSA, Palacio de Hierro, CEMEX entre otras, y asociaciones de caracter "ciudadano" como México Unido Contra la Delincuencia.
Los políticos nos han llevado por caminos incorrectos pero ¿cómo se atreven a remarcar el error estas personas que son las que de verdad deciden el rumbo de nuestro país? ¿cómo alguien que es capaz de sostener el decadente sistema capitalista se queja de él? ¿De qué manera son capaces de mostrar "incomodidad" si ellos promueven como valores únicos el dinero y el poder?
Delincuencia, narcotráfico y división social son rubros en los que debemos de dar las gracias por su existencia a este grupo de personas.
Ahora traten de analizar el video desde esta perspectiva. ¿Es esa la voz de la ciudadanía? ¿De verdad están comprometidas con la sociedad mexicana?
Nosotros como mexicanos también tenemos mucho que dar. Estamos cayendo en el retrogradismo, en cuestiones que ya deberíamos de haber superado (como los noventeros "talk shows").
Así que tú que estás leyendo estas líneas reflexiona el momento en el que nos encontramos y aprende que ver las dos caras de la moneda en toda situación que se presente de aquí a julio tiene un fin muy especial... y engañoso.
miércoles, 11 de abril de 2012
domingo, 8 de abril de 2012
Dolor de casi dos mil años
Y ahí estaba... sin una escapatoria obvia. Sin nada mejor que hacer que tirarme al ocio que, en exceso, empalaga. Mis raíces evángelicas son aún frescas y muy próximas: las festividades cristianas llamaban a acudir a la iglesia.
Mi emoción era nula, sin embargo, quizá la curiosidad, enfiló mis pasos hacia el templo. El lugar: La sexta iglesia del evangelio, ubicada en el barrio de San Andrés Tetepilco, en el corazón de Iztapalapa.
¿Qué hay de especial en las citadas coordenadas? Mi origen. Crecí en el seno de una familia que dedicaba sus "Sunday Mornings" (como diría Lou Reed) a "adorar al señor". Desde esos tiempos en los que mi conciencia se desarrollaba bastantes dudas se agolpaban en mi pensamiento; sin embargo, ya había adquirido un caracter rutinario la asistencia dominical. No me quejaba.
Fue así como contemplé el pequeño inmueble. ¿Habrán decrecido sus muros? Este sitio en el que fui "presentado" ante la congregación me parecía un castillo enorme, aquel en el que pasaba tanto tiempo de niño. Aún guarda ese aroma caraterístico a solemnidad y se conserva casi intacto a pesar del tiempo. ¿Qué había en su interior?
Mi tío paterno oficiaba el culto de adoración. Predicaba.
Independientemente de que ya no acuda a la iglesia y de las distintas ideas que han construído mi caracter durante ese tiempo "que abandoné a Dios" algo no estaba bien.
Una congregación poco entusiasta apenas llenaba las banquitas de madera. Un sermón que es lo mismo de cada año: las 7 palabras de Jesucristo durante el viacrusis. La monotonía flotaba como una cruel vigía entre las paredes. Todo fluía con normalidad. Sin embargo, algo paralizó el flujo de la praxis, algo que mi espíritu infantil no captaba en aquellos años mozos de estudio bíblico.
Unas bocinas comenzaron a producir una música digna de cualquier edición del Teletón. Esa estructura sonora que intentaba penetrar de manera pronta en lo más profundo del subconsciente para sacarte como mínimo una docena de lágrimas. Sin una salida razonable el líder nos invita a pedir perdón, arrepentirnos del pecado, HUMILLARNOS ante Dios. Un ambiente por demás tenso y se escucha los aspavientos de algunas personas alrededor.
¿Qué he hecho yo que sea digno de arrepentimiento? ¿Qué he hecho para humillarme ante Dios?
Una decimonónica doctrina mal planteada, trazada en el sufrimiento y la culpa. Ha creado a personas que son más ingenuas que un infante, gente dócil que puede ser manipulada de manera sencilla.
¿Pecado? Yo más bien lo llamaría la humana libertad de cometer errores y enmendarlos. Lecciones que aprendemos de nuestro propio entorno. La mera edificación de nuestra polaridad o dualidad. Nuestra fachada humanitaria. Ya no voy a la iglesia, sin embargo, mi mente y mi espíritu se sienten bastante en paz. Nada me falta.
A casi dos mil años de la muerte de Jesucristo en la cruz, ¿qué se ha logrado? ¿Una humanidad consciente y liberada capaz de ser feliz y pensante? o ¿Un manto de sufrimiento, inferioridad y fanatismo que pretende cubrir al mundo con ayuda de sus seguidores?
Piensa en eso antes dormir.
sábado, 7 de abril de 2012
Amor va sin "h" y con dos de azúcar
Tanta polémica... tanta verborrea...
Los seres humanos somos sendas máquinas productoras de mensajes, verbales o no verbales.
Pulsaciones "necesarias" traídas de nuestro cerebro como reacción a una decodificación de los sentidos.
Tan empapados de una cultura cambiante... de un entorno por demás camaleónico...
Todo nuestro hábitat gira como a 3000 revoluciones por segundo dejando la moneda en el aire... ¿seremos partícipes de esa marcha o sólo contemplaremos ese girar para terminar vomitando al final producto de un mareo?
Día con día vemos asombrados como infranqueables paradigmas se reducen a cenizas que dan paso a la nueva fachada de nuestros pensamientos y emociones.
Ya quedaron muy atrás las ideas románticas (comencemos a desnudar y a "desprostituir este concepto) basadas en una rígida estética o metodología de las sensaciones.
Nuestro sentir ha evolucionado junto a la marcha de nuestra esfera. Porque ahora el amor ya lo vemos desde más de una perspectiva: podemos negarlo cuando no nos "favorece" pero después de unos segundos afirmar un profundo "amor" por la música.
Hemos regado por doquier las definiciones, conceptos y enfoques del amor. Me atreveré, justo este momento sentado frente a un monitor incandescente, a declarar (bajo el punto de vista de esta sesera estrenada un lunes 20 de julio del lejano 1992) que se trata de una perfecta estructura consensual, es decir, un tratado.
Es permeable a ser triturado por las condiciones ambientales a las que nos hayamos inevitablemente sujetos (celos, complejos de inferioridad, posesión, inseguridad) pero a final de cuentas se trata de la posesión más valiosa ante la que nos podemos encontrar: cualquier actividad relacionada directa o indirectamente a él nos brinda la capacidad de echar a andar nuestra mente. Ya sea por medio de panoramas que sean la vista previa de una situación, hallar salida a un problema "del corazón", pensar "¿Qué es mejor para nosotros?", ¿qué buscamos en otra persona?
Sé que suena muy descabellado pensar en una idea como esta, y después de tantas vaguedades me encantaría concluir con ésto:
Amigo, amiga: ¿por qué no apostamos por un sentir lógico? OJO: no estoy diciendo objetivo porque eso es prácticamente imposible, de hecho, el término es un viejo fantasma del positivismo de finales del siglo XIX. Me refiero a entrar a un paraje del "amor racional" en el cuál seamos conscientes de la posible caducidad del sentir hacia otra persona, de los altibajos a los que puede hallarse ligado, de la manera que nos puede hacer crecer. Más que nada que nos enriquezca, tomar lo mejor de la otra persona y dar lo mejor de sí mismo para que continuemos nuestra incesante marcha por la vida siendo mejores personas día con día. Llevarse las cosas con calma y dar un paso a la vez. Recuerden que ya somos una generación posmoderna y nuestra mente debe ser más liberal, que conlleve desde la crítica de nuestra vida social y cultural hasta la propia autocrítica.
Amor ya no se escribe con H, y namás con dos de azúcar... digo, no queremos una muerte prematura a causa de la Diabetes (por supuesto que saben a lo que me refiero)
Los seres humanos somos sendas máquinas productoras de mensajes, verbales o no verbales.
Pulsaciones "necesarias" traídas de nuestro cerebro como reacción a una decodificación de los sentidos.
Tan empapados de una cultura cambiante... de un entorno por demás camaleónico...
Todo nuestro hábitat gira como a 3000 revoluciones por segundo dejando la moneda en el aire... ¿seremos partícipes de esa marcha o sólo contemplaremos ese girar para terminar vomitando al final producto de un mareo?
Día con día vemos asombrados como infranqueables paradigmas se reducen a cenizas que dan paso a la nueva fachada de nuestros pensamientos y emociones.
Ya quedaron muy atrás las ideas románticas (comencemos a desnudar y a "desprostituir este concepto) basadas en una rígida estética o metodología de las sensaciones.
Nuestro sentir ha evolucionado junto a la marcha de nuestra esfera. Porque ahora el amor ya lo vemos desde más de una perspectiva: podemos negarlo cuando no nos "favorece" pero después de unos segundos afirmar un profundo "amor" por la música.
Hemos regado por doquier las definiciones, conceptos y enfoques del amor. Me atreveré, justo este momento sentado frente a un monitor incandescente, a declarar (bajo el punto de vista de esta sesera estrenada un lunes 20 de julio del lejano 1992) que se trata de una perfecta estructura consensual, es decir, un tratado.
Es permeable a ser triturado por las condiciones ambientales a las que nos hayamos inevitablemente sujetos (celos, complejos de inferioridad, posesión, inseguridad) pero a final de cuentas se trata de la posesión más valiosa ante la que nos podemos encontrar: cualquier actividad relacionada directa o indirectamente a él nos brinda la capacidad de echar a andar nuestra mente. Ya sea por medio de panoramas que sean la vista previa de una situación, hallar salida a un problema "del corazón", pensar "¿Qué es mejor para nosotros?", ¿qué buscamos en otra persona?
Sé que suena muy descabellado pensar en una idea como esta, y después de tantas vaguedades me encantaría concluir con ésto:
Amigo, amiga: ¿por qué no apostamos por un sentir lógico? OJO: no estoy diciendo objetivo porque eso es prácticamente imposible, de hecho, el término es un viejo fantasma del positivismo de finales del siglo XIX. Me refiero a entrar a un paraje del "amor racional" en el cuál seamos conscientes de la posible caducidad del sentir hacia otra persona, de los altibajos a los que puede hallarse ligado, de la manera que nos puede hacer crecer. Más que nada que nos enriquezca, tomar lo mejor de la otra persona y dar lo mejor de sí mismo para que continuemos nuestra incesante marcha por la vida siendo mejores personas día con día. Llevarse las cosas con calma y dar un paso a la vez. Recuerden que ya somos una generación posmoderna y nuestra mente debe ser más liberal, que conlleve desde la crítica de nuestra vida social y cultural hasta la propia autocrítica.
Amor ya no se escribe con H, y namás con dos de azúcar... digo, no queremos una muerte prematura a causa de la Diabetes (por supuesto que saben a lo que me refiero)
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