sábado, 7 de abril de 2012

Amor va sin "h" y con dos de azúcar

Tanta polémica... tanta verborrea...
Los seres humanos somos sendas máquinas productoras de mensajes, verbales o no verbales.
Pulsaciones "necesarias" traídas de nuestro cerebro como reacción a una decodificación de los sentidos.
Tan empapados de una cultura cambiante... de un entorno por demás camaleónico...
Todo nuestro hábitat gira como a 3000 revoluciones por segundo dejando la moneda en el aire... ¿seremos partícipes de esa marcha o sólo contemplaremos ese girar para terminar vomitando al final producto de un mareo?
Día con día vemos asombrados como infranqueables paradigmas se reducen a cenizas que dan paso a la nueva fachada de nuestros pensamientos y emociones.
Ya quedaron muy atrás las ideas románticas (comencemos a desnudar y a "desprostituir este concepto) basadas en una rígida estética o metodología de las sensaciones.
Nuestro sentir ha evolucionado junto a la marcha de nuestra esfera. Porque ahora el amor ya lo vemos desde más de una perspectiva: podemos negarlo cuando no nos "favorece" pero después de unos segundos afirmar un profundo "amor" por la música.
Hemos regado por doquier las definiciones, conceptos y enfoques del amor. Me atreveré, justo este momento sentado frente a un monitor incandescente, a declarar (bajo el punto de vista de esta sesera estrenada un lunes 20 de julio del lejano 1992) que se trata de una perfecta estructura consensual, es decir, un tratado.
Es permeable a ser triturado por las condiciones ambientales a las que nos hayamos inevitablemente sujetos (celos, complejos de inferioridad, posesión, inseguridad) pero a final de cuentas se trata de la posesión más valiosa ante la que nos podemos encontrar: cualquier actividad relacionada directa o indirectamente a él nos brinda la capacidad de echar a andar nuestra mente. Ya sea por medio de panoramas que sean la vista previa de una situación, hallar salida a un problema "del corazón", pensar "¿Qué es mejor para nosotros?", ¿qué buscamos en otra persona?
Sé que suena muy descabellado pensar en una idea como esta, y después de tantas vaguedades me encantaría concluir con ésto:
Amigo, amiga: ¿por qué no apostamos por un sentir lógico? OJO: no estoy diciendo objetivo porque eso es prácticamente imposible, de hecho, el término es un viejo fantasma del positivismo de finales del siglo XIX. Me refiero a entrar a un paraje del "amor racional" en el cuál seamos conscientes de la posible caducidad del sentir hacia otra persona, de los altibajos a los que puede hallarse ligado, de la manera que nos puede hacer crecer. Más que nada que nos enriquezca, tomar lo mejor de la otra persona y dar lo mejor de sí mismo para que continuemos nuestra incesante marcha por la vida siendo mejores personas día con día. Llevarse las cosas con calma y dar un paso a la vez. Recuerden que ya somos una generación posmoderna y nuestra mente debe ser más liberal, que conlleve desde la crítica de nuestra vida social y cultural hasta la propia autocrítica.

Amor ya no se escribe con H, y namás con dos de azúcar... digo, no queremos una muerte prematura a causa de la Diabetes (por supuesto que saben a lo que me refiero)

2 comentarios:

  1. Bueno, conciso, pero rompiste mi corazón :( Jajaja por lo tanto no es de mis favoritos

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