martes, 24 de diciembre de 2013

23 de diciembre

Lentos mis pasos, con su peculiar ritmo del arrastre de los pies, dibujan una mueca irregular sobre el pavimento decembrino adornado con cadáveres de lo que horas antes habían sido luces de bengala y el rastro de una procesión que llevó en una charolita de plástico las desgastadas imágenes de los peregrinos, ansiosos de sumergir su piel de yeso en el calor de una casita ubicada en los suburbios mexicanos y bañarse del olor a ponche, pólvora y frutas.

Al trazar mi rumbo entre los restos de barro y fruta embarrada en las aceras, me acerco peligrosamente a las paredes de esos hogares que me seducen con su canto nocturno. No pueden ocultarlo, es diciembre. Se ven aplastados por ese peso festivo. De pronto, mis manos se vuelven estetoscópicas y amasan el vientre de un elefante de tan singular manada. Prolifera la uniformidad, porque esta vivienda se encuentra vacía, pero aquella, con la que comparte muros, alberga un emotivo reencuentro, en el cual el tío viene desde muy lejos a compartir el pavo para la cena de mañana. La serie continúa. Puedo sentirlo. Una casa vacía, otra llena de risas emitidas por los primos que se encuentran fabricando mundos adyacentes al nuestro.
Se ha roto la cotidianidad característica de un día de junio. Incluso la luz que proyectan los enclenques postes de cemento juega con el músculo cardiovascular al contagiarlo del nostálgico ambiente que impera en el viento. Las pupilas atestiguan la aparición del más bello filtro Instagramero y el estómago suelta una sincera risita por el contraste entre el mundo virtual y el de concreto.
Mientras imagino mi andar sobre una "agringada" nieve invisible, llega un batazo de Home que impacta en mi nuca y mi memoria se va... se va... se va... y se fue hasta una lejana navidad de la cual no recuerdo la fecha...

Ahí estaba ese pequeño bodoque envuelto en una mórbida chamarra negra de Chicago Bulls, con las manos llenas de algún dulce que decapitó, una mancha poligonal a la altura del cierre frontal de su verde pantalón de gabardina, impresa a raíz de la inexperiencia a la hora de visitar el sanitario. Ni el agua ni el gel podían con la furia de ese pequeño remolino en su inocente cabeza, que era comparable con un cepillo de bolero. Los dientes recién emplazados sobre los de "leche" se asomaban bajo una suave encía morada.
Y ahí seguía, contemplando la llegada de cada uno de sus familiares sin disimular su emoción. Totalmente preparado para recibir sus primeros tragos de alcohol (sidra de manzana) contenidos en un delicioso vasito de plástico. Fue esa la primera ocasión en que pudo sentir ese líquido calentando lentamente la sangre de sus venas, trayendo como consecuencia una cascada de carcajadas no identificadas pero fundamentas en la felicidad que otorga un abrazo a sus seres queridos, guardianes de su infantil dicha.

Trémulo y radiante de júbilo por mi ejercicio introspectivo a mitad de la calle, defino el significado de esa fecha que tantos debates genera y que, a su vez, no logra pasar desapercibida.

El espíritu de esta fecha que interconecta nuestros pensamientos -sean "positivos" o "negativos"- es la oportunidad óptima para llevar a cabo la tarea única que se nos ha encomendado desde nuestro nacimiento: ser humanos. Tenemos ante nosotros el pretexto perfecto para dejar de ser autómatas que se conducen por rutinas o emociones prefabricadas y volver a sentir el sabor de nuestro primer trago de sidra o aquel nudo en la garganta seguido de las lágrimas más amargas dedicadas a las ausencias más dolorosas de aquellos seres que nunca volverán a acompañarnos en las cenas decembrinas.

Aún siento el calor que me brindaba esa enorme chamarra. Todavía puedo ver el espectáculo de colores que me ofrecía la pirotecnia y el aroma amargo que ésta escupía para raspar mi garganta. Esa gabardina quedó tatuada sobre mi piel al unir su disciplinada textura a los tejidos celulares de mi piel. Y así continúan pasando los años, en los cuales me entregó al máximo a la ardua labor de cada uno de mis cinco sentidos. Reír, llorar, enojarme, disfrutar de la tibieza hogareña, pero todo ello radicado en la agudeza de mis sentidos, producto de ese ente que nos visita cada 365 días para ponernos a prueba. Y ahí seguirá. Silencioso. Paciente. Ansioso por escuchar nuestras quejas y agradecimientos por su inocultable existencia.      

martes, 12 de marzo de 2013

Derrota

Sucumbió
Entregó su espada luego de no poder contener la furiosa vorágine
Había un dulce secreto bajo esa tibia sábana de piel blanca
Existía un latido distinto para cada luciérnaga en el crepúsculo

La marea se redujo a cero
El mar se secó como su boca en las mañanas de soledad
El calor de su canto tántrico incineró las nubes
Deliciosa lluvia hirviente
Loable coctel psicosomático

Al despertar, su materia se condensó
Liviana la osamenta se atomizaba por la habitación
Existía ya una y cien mil veces dentro de ese claustro
Sacra edificación de carne roja
Fábrica de bombeos desbocados

Una nueva morada
Paz cardíaca concebida en millones de contiendas labiales
Travesías prolongadas a través de la escultura clásica
Inmersión plena en el lúgubre río capilar

Usted ha llegado a recetarme una derrota
Le cedo el control de mi marcapasos
Opérelo a placer
Desde hoy "derrota" será volver a nacer

lunes, 21 de enero de 2013

¿Por qué César ya no escribe?

Despierto de fascinantes sueños entrecortados. A las siete de la mañana la boca me sabe a un nuevo amanecer. He vuelto a morder mis uñas con singular entusiasmo. Mi pie derecho sigue el ritmo de un género musical que no conozco. Tengo un espeso bosque negro justo arriba de mi frente y se despide al iniciar el colindante estado llamado Nuca. El reloj de mi vida corría para atrás más rápido que Tyson Gay (sin ofend... un momento ¿Tyson Gay? ¡Bienvenido al 2013! Usaín 4 life!) y de pronto un hermoso suceso (con nombre y apellidos) llegó a mi vida y so pretexto contraté un servicio de intendencia para todo ámbito de mi vida. Les puse su uniforme beige asquerosamente... "presentable", y todos olorosos a detergente de limón tomaron por asalto las ruinas de mi habitación, mis "abundantes" relaciones y amistades sociales y cada ramo de mi vida, cada célula de mis 20 años de autobiografía; el saneamiento de mi vida fue éxitoso. Ahora reposan en la basura papel inutilizable, ropajes que ya no cuadran con mi personalidad, tardes de CCH captadas con una cámara fotográfica y personas con las que ya no existía algún vínculo posible de convivencia. Se dirigió hacía mí la jefa de la cuadrilla de limpieza, con sus toscos brazos llenos de sudor, un "Libro Vaquero" en su holgado bolsillo izquierdo posterior y el gesto de satisfacción labrado en su rostro a raíz de su labor finalmente concluida. Traía una computadora en la mano. Tecleó con suma rapidez, me mostró la pantalla y me dijo: "¿Qué hacemos con esto, patrón? ¿A la basura, también?". Me encontraba cual buitre carroñero consumiendo el contenido de una inerte bolsa de botana que arroje debido a la impresión que me asaltó. Un papel tapiz de un pálido color contenía unas letras que encabezaban aquel diario virtual: NAMASTÉ.


¿Namasté? ¿En qué momento se me ocurrió nombrar así a mi blog? Quizá en algún momento me quise poner en paz conmigo mismo y con los demás pero... ¿Namasté? Puff...
Le propuse a la "Maestra Limpia" que tomara un par de billetes del Banco Personal Karmático (Un pagaré, pues) y que se retirara sin hacer ruido.
Leí y releí las entradas contenidas en ese sitio que fue creación mía. Un auténtico registro antropológico de César Luna. Oro puro para mi persona. Y luego... ¡Pum! ¿Qué sucedió? La gráfica de visitas es sólo comparable con la del crecimiento económico de nuestro país en el Siglo XX: Con unos pequeños piquitos repunteantes para finalmente ir cada vez más abajo. De hecho creo que ya hasta le debo visitas a Blogger. ¡Me van a embargar! Y como soy un payasito de cuarta me haré arrestar falsamente igual que Kim Dotcom al lanzar su nuevo sitio de descargas de contenido digital: -ahora sí, legales (o eso dice)- "MEGA".




Cerré con estupor la ventana (No, no porque hiciera frío. Sólo presione Alt+F4 y ¡Kaput!) Y me puse a buscar como loco en las hojas frescamente ordenadas e incluso en los cadáveres de papel que yacían en los desperdicios: NADA
Creí volverme loco. Nada, absolutamente NADA escrito. Me rehusaba a creer esto. Tomé un trago de alcohol sacado directamente de un gel antibacterial (bendita química y bendita tendencia llegada desde el lejano reino de la California, ¡SE PUEDE SEPARAR EL ALCOHOL DEL GEL CON SAL! Creo que lloraré de la emoción).



Medité. Intenté tranquilizarme pero no había nada. Me sentí vacío... vacío... ¡VACÍO! Así se llamó mi última entrada. La leí. Después comprendí que en realidad no me sentía vacío (en comparación con tal escrito) y en realidad tenía muchas razones para ponerme a hacer chambritas con mis versos.
Es así como llegué a este punto: ¿Por qué ya no escribo?
Y llegué a varios contundentes estatutos que les redacto en la siguiente lista:




*Porque ya tengo Xbox


*Porque tengo novia <3

*Porque ya cualquier redacción es un robo de estilo o "le estoy copiando a alguien"

*Porque puedo adivinar en sus ojos que prefieren ver "Sabadazo", "Cosas de la Vida", "La Rosa de Guadalupe" (Yo sé que la ves por morbo. Detente. El morbo vende aún más que las tramas originales y su inversión en él es mínima).

*Porque soy vocalista de una banda de Pseudo-Rock (Sí, es un género).

*Porque no me leen (Saludos Attention Whores)

*Porque ya los considero bastante hipsters y no les daré el gusto de que me lean antes de que me haga "mainstream"

*Porque hoy los Patriotas dejaron a su afición sin Super Bowl

*Porque sigo esperando que se complete mi registro en "MEGA"

*Porque Peña Nieto no me lee. Y no porque no quiera, porque nos llevamos de maravilla, sino porque todavía no aprende a leer bien. Aún confunde vocales con consonantes y piensa que la Tilde es una marca de gel aún más eficaz que el "Moco de Gorila".

*Porke quisa solo me enthiendan si escribó con faltas de hortografia, tildes haucentes o hagregadas en mala pócision. Discúlpenme, yo sí habló español.

*Porque van a pensar que necesariamente tengo que escribir sólo por estar estudiando comunicación.

*Porque ya usan Wix y nada más se comentan sus trabajos que les piden sus maestros, como buenos "colegas". Soy un Australophitecus por usar Blogger.

*Porque me dan ganas de ponerles cosas inspiradoras en FB pero luego de leer sus estados y publicaciones bajo corriendo a la televisión de mi sala, me siento en el sillón agarrando mis tobillos y sintonizo un canal sin señal intentando no llorar.

*Porque son unos criminales. Están asesinando lenta y despiadadamente al sentido común.

*Porque quiero crecer en teatro. (Que no es lo mismo que ser teatrero)

*"Porque te odio" (Léase con voz de León Lárregui, vocalista de Zoé, cuando agredía a los "reporteros" que le sacaban fotos o le pedían declaraciones cuando lo llevaban a las apocalípticas fauces de ese pestilente calabozo llamado "Torito".)

*Porque los muertos ya no podemos escribir...

*Porque ya voy a regresar a la escuela. Mi especialidad será el Taller de Prensa y... ¿Para qué quiero escribir si ahí me pondrán a hacer muchas tareas bien padres para subirlas a un website?






No lo sé... Simplemente daremos una barridita por aquí. pondremos un poco de pintura. Inyectaremos bótox. Ante el Registro Civil le cambiaremos ese bodrio de nombre, Namasté; porque este blog pronto se llenará de todo... ¡MENOS DE NAMASTÉ!






Es agradable estar de vuelta...