Richard Milhous Nixon se ganó un lugar en la infamia de la historia de la política estadounidense al verse involucrado en el escándalo del "Watergate" siendo presidente de dicha nación. El desagravio que sus acciones provocaron a la moral de la sociedad norteamericana lo llevó a convertirse en el único presidente de la nación más poderosa del mundo a dimitir de su cargo.
Una fría mañana de agosto se marchó del Capitolio, pero ¿Qué seguía? ¿Quién repararía la confianza del pueblo anglosajón con respecto a sus políticos?
Es cuando David Frost, un afamado conductor británico que radica en Australia, siente la necesidad de conseguir declaraciones por parte de Nixon donde aceptara su implicación en Watergate, así como su disculpa con la sociedad -prácticamente- global, que le acusaba.
Esto es un poco del contexto de donde se desenvuelve la trama de este filme dirigido por Ron Howard, el cual, le valió varias nominaciones al premio de la academia.
La película es como una gigante telaraña, te atrapa desde los primeros segundos donde se contextualiza al individuo para luego dar paso a la historia.
Para las personas que ignoren la historia de este escándalo político no les será difícil apreciar el gran trabajo de adaptación en esta cinta.
Lo que disfruté enormemente de esta película fue el duelo actoral entre Frank Langella (que interpretó al ex-presidente Richard Nixon) y Michael Sheen (en el papel de Frost). Era todo un espectáculo bélico cada entrevista: durante ésta, antes de ésta y después de ésta.
Con un contrato de por medio (cerrado con una fuerte suma de dinero) ambos buscan equipos de trabajo para esta entrevista que cambiaría el rumbo del periodismo en el mundo y su intervención en la política; así como su labor social de representar al pueblo y pedir cuentas a las personas en las que confiamos el rumbo de nuestra nación.
Los bloqueos y la preparación de Nixon para la entrevista resultó abismal, fantástica, es un tipo muy inteligente. Sin embargo, Frost logra interpretar a su favor la estrategia del antiguo mandatario y en la última entrevista consigue su objetivo cumbre: Nixon acepto su participación en "Watergate" y pide disculpas a la nación estadounidense.
Gran trabajo cinematográfico que no puedes perderte y disfrutar, y más particularmente, si te dedicas (o en un futuro te dedicarás) a la comunicación y al periodismo.
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